Una nota reciente de ADN Radio puso sobre la mesa una tendencia que viene consolidándose en el mercado chileno: las empresas están migrando desde la compra directa de vehículos hacia esquemas de leasing operativo, priorizando la continuidad operacional por sobre la propiedad del activo. El reportaje describe cómo industrias intensivas en terreno (logística, minería, energía, telecomunicaciones) demandan hoy disponibilidad permanente, tiempos de respuesta acotados y soporte 24/7, en lugar de gestionar flotas propias.
La gestión de flotas corporativas en Chile entró en una nueva etapa. El modelo de arriendo de largo plazo dejó de ser una alternativa de nicho y se convirtió en una decisión de operaciones que conviene analizar con detalle.
Qué está pasando en el mercado y por qué la tendencia avanza
El cambio no se produjo solo en la elección de proveedor. Se produjo en el criterio con el que las empresas evalúan sus flotas. Durante años, la decisión se resolvía comprando los vehículos, capitalizándolos en el balance y asumiendo internamente la gestión de mantenciones, seguros, permisos y reemplazos. Ese modelo funcionaba mientras los presupuestos permitían inmovilizar capital de trabajo en activos que se deprecian.
El escenario actual cambió las reglas. Presupuestos más exigentes, foco en eficiencia operacional, presión por liberar caja y la necesidad de responder con velocidad a contingencias en terreno empujaron a muchas empresas a externalizar la flota completa. El leasing operativo respondió a esa demanda con una cuota mensual fija que consolida seguros, mantenciones, asistencia y reemplazo, y que traslada la gestión a un tercero especializado.
Sectores como minería, forestal, telecomunicaciones, agricultura y logística lideran esta migración. Empresas que históricamente compraban su flota hoy revisan ese criterio y arriendan.
La tendencia tiene lógica. También tiene un alcance específico que conviene entender antes de extrapolarla a toda decisión de financiamiento de activos.
Lo que el leasing operativo resuelve y lo que deja fuera
El leasing operativo funciona como un arriendo de largo plazo. La empresa paga por el uso del vehículo durante el plazo del contrato, recibe el servicio integral asociado y, al cierre, devuelve el activo al proveedor. El bien nunca figura en su balance.
Esa estructura resuelve tres problemas concretos. Libera capital de trabajo, entrega previsibilidad de costos y elimina la carga administrativa de gestionar flotas. Para operaciones donde el vehículo es una herramienta de uso intensivo y el ciclo de renovación es corto, encaja bien.
Hay decisiones, sin embargo, que el leasing operativo no resuelve. La empresa paga durante años por un activo que jamás incorporará a su patrimonio. No construye capital. Y cuando termina el contrato, vuelve al punto de partida y reinicia el ciclo de pagos.
Para activos productivos de vida útil prolongada y uso sostenido en el tiempo, esa lógica deja valor sobre la mesa. Ahí aparece otra herramienta financiera, con propósito distinto.
Leasing financiero: cuando el activo sí debe quedar en la empresa
El leasing financiero es un contrato de arrendamiento con opción de compra. La empresa usa el bien desde el primer día, paga cuotas mensuales durante un plazo definido y, al finalizar el contrato, ejerce la opción de compra por un valor residual previamente acordado. El activo pasa a su propiedad.
Esa diferencia estructural cambia la lógica financiera de la operación. Con leasing financiero, la empresa:
- Accede al activo sin desembolsar el monto total de la inversión.
- Deduce las cuotas como gasto tributario durante la vigencia del contrato, según la normativa vigente.
- Conserva su capacidad de endeudamiento bancario para otras decisiones de negocio.
- Capitaliza el activo al cierre del contrato, sumándolo a su patrimonio.
- Estructura plazos, montos y cuotas según el flujo real de su operación.
El leasing financiero funciona cuando el activo tiene vida útil prolongada y la empresa proyecta usarlo más allá del plazo del contrato. Maquinaria productiva, vehículos comerciales, equipamiento industrial e infraestructura entran en esa categoría.
La lectura desde THR
En THR estructuramos operaciones de leasing financiero para empresas de sectores productivos. Evaluamos cada caso considerando el activo, el plazo, el valor residual y la cuota mensual a partir del flujo real del cliente, no de un modelo estándar.
«El leasing operativo y el leasing financiero responden a preguntas distintas. Una empresa que necesita una flota durante 36 meses sin tocar su balance toma una decisión. Una empresa que invierte en un activo productivo del que dependerá durante una década toma otra. Nuestro trabajo es entregar la estructura financiera que corresponde a cada caso, con condiciones que el cliente pueda sostener en el tiempo.»
Hugo Muñoz, Socio Director de THR.
«Cuando un cliente llega evaluando solo el costo mensual, abrimos la conversación a la lógica patrimonial. Un activo productivo capitalizado al cierre del contrato cambia el balance de la empresa, su capacidad de financiamiento futuro y la forma en que proyecta crecimiento. El leasing financiero permite eso. Por eso lo trabajamos como un servicio de asesoría, además de un producto.»
Tomás Ruz, Socio Director de THR.
El siguiente paso
La discusión pública instaló al leasing operativo como respuesta a la pregunta sobre flotas. Esa respuesta funciona para un tipo de operación. Para empresas que evalúan inversiones en activos productivos de uso sostenido, conviene revisar si el leasing financiero entrega mejores condiciones tributarias, patrimoniales y de flujo para su caso específico.
Esa evaluación es parte del trabajo que hacemos con cada cliente. Si su empresa está proyectando una inversión en activos productivos durante 2026, conversemos.

